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lunes, 10 de diciembre de 2012
domingo, 14 de octubre de 2012
Rain
Mis pies tocaron el suelo. Comenzó la travesía. El lugar, era inexplicablemente hermoso, bueno en realidad si podría explicarlo: el cielo azul, un horizonte no visible a causa de unos arboles enormes cuyas ramas abrazaban el tibio sol de la mañana sureña y un camino lodoso, sin embargo estas son solo palabras de lo poco que me acuerdo del lugar físico, con lo único que me quedé fueron las sensaciones que aún hoy de solo recordarlas se me anuda la garganta de melancolía. Tomó mi mano sin tomarla, conversamos sin conversar, nos conocimos sin conocernos. Dicen las personas que los niños son la maldad encarnada, los seres mas egoístas que pisan la faz de la tierra con un proceso de descentración del amar casi nulo, ¿se acuerdan cuando se encariñaban con alguien solo porque les hizo un regalo hermoso?, así me sentí yo aquel día, pero no fue algo material, el cariño surgió de inmediato al darme cuenta de lo parecidas que eramos al disfrutar lo mismo, sin hablar, solo al mirarnos y sonreír nos dimos cuenta de la conexión que tanto hablaban nuestros ancianos. Siempre te estaré agradecida por ese regalo, siempre. Seguí sus pasos a través de los arboles por el sendero que ni la misma lluvia que había azotado aquellas tierras la noche anterior había logrado borrar, ¿o era quizás que su corazón ya sabia de memoria esos parajes?. Llegamos a un puente recuerdo, agua cristalina corría rauda bajo mis pies, me agité. Dicen que las cosas que te cuestan mas las valoras mas, y bueno, cumpliendo con esta regla lo que siguió fue definitivamente mas difícil, pero alzar la mirada y ver a lo lejos nuestro destino me lleno de energías. Finalmente llegamos a un claro, mis ojos se humedecieron y mi voz se apagó, pero poco importaba esto, como dije anteriormente, lo material no importaba, lo físico no importaba, las palabras estaban demás, eran un estorbo. Nos subimos a unas rocas para admirar el panorama y ahí, cuando creía que no podía existir sensación maravillosa me dijo: "Ve, camina por las rocas, acércate"...
Últimamente mi mente se nubló, se agotó. No hay pena más grande que aquella que vas guardando, que cava en lo mas profundo de ti un agujero donde arroja todo lo malo que ha pasado para llenarlo con más vacío Y esto no hace nada mas que eso, llenarse con más, más y más vacío. De pronto no hay lagrimas que llorar, sabes que algo anda mal, pero al intentar explicarlo buscas y no encuentras nada mas que vacío. En algún momento me obligué a no creer en la magia, a pesar de decir en el pasado que ella era lo que me mantenía viva. Bueno, por mas que lo quiera negar, para mi esta existe, y es la que me sigue manteniendo cuerda día tras día. Y ¿qué es la magia? sería difícil explicarlo, pero considero que se resume perfectamente en amar. Ese día del bosque culminó conmigo de pie en una roca, al pie de una cascada, empujada por el aire y la lluvia furiosa que despedía el agua al golpear las rocas al fondo. Creo que es una de las pocas oportunidades en mi vida que me había sentido tan viva, y eso no es nada mas que magia, magia que provenía directamente de la tierra. No puedo decir cuanto aprecio le tengo a quien me dio aquel regalo. Desde aquel momento que tengo un refugio, o mejor dicho se sumó a otros de mis refugios como lo son los labios de mi amado, los brazos de mi madre. Esta es magia de la tierra, amor de la tierra. Por muy perdida que me encuentre, se que hay un camino que recorrer en mis recuerdos que me llevaran a aquel lugar.
Quiero llorar, no hay lagrimas; quiero gritar, no tengo fuerzas... ¿Sigues ahí?
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Siempre
Búscame en aquel lugar donde confluye el cielo con el mar, en el amanecer de los amantes eternos.
Dame las alas, que donde sea que te encuentres volaré hacia ti.
Brindemos por nuestros sueños, que es lo único que tenemos.
Déjame bailar desnuda sobre la luna pálida y profunda.
Cúbreme de un manto de estrellas, cobíjame bajo tus palabras de amor.
Abrázame, nunca me dejes ir.
Se mi amor, que de por vida, yo seré el tuyo.
Abrir las alas...
Siempre he pensado que escribir, dibujar, pintar, danzar… En
fin, desarrollar algún arte te da alas para volar y alcanzar aquellos rincones recónditos
de nuestra imaginación. La mente es un gran valle, el cual recorres muchas
veces en búsqueda de alguna idea, a veces miras al cielo e intentas ver al sol
creyendo que podrás encontrar alguna a pesar de que sabes que te quemaras los
ojos y sufrirás. Y es que eso no lo entienden muchas personas, uno no se pude
forzar para escribir por ejemplo, las
ideas llegan como pájaros, a veces se acercan lo suficiente y por suficiente
tiempo como para que podamos contemplarlos y entenderlos, otras pasan tan
fugazmente que quedamos con esa sensación de sostener un suspiro al haber visto
algo maravilloso, y otras, bueno, lo que ocurrió en mi caso, camine mirando el
suelo por mucho tiempo, se hizo
invierno, los pájaros volaron en dirección al sol y este se escondió tras las
nubes. Pero esto cambio y una de las razones principales del porque escribo
nuevamente es que llegó a mi vida un motivo para tomar aire profundamente y
levantar la mirada. Llegó a mi vida alguien y junto con él, mi primavera.
martes, 4 de septiembre de 2012
Luna
Cierta noche se encontraba caminando por el bosque, el
mismo al que siempre recurría cuando necesitaba reflexionar sobre algo que
ocurrió en la tarde, para arrancarse del mundo por un rato o simplemente porque
adoraba ese lugar y le encantaba la paz que le brindaba. Su única compañía era
la suave brisa nocturna que mecía las
hojas con dulzura y le susurraba al oído palabras de consuelo. En definitiva,
era su segundo hogar, su refugio cuando todo se encontraba mal.
Siguió caminando por el sendero que acostumbraba, en
dirección a un claro donde podía tener una conversación con su única amiga en
ese entonces, la Luna, que lo invitaba a beber una copa de olvido en el cráter
de turno.
Habiendo llegado a su santuario se recostó sobre un
cumulo de hojas y miró al cielo. Lo único que observó fue una noche estrellada,
pero su confidente no se encontraba; más bien se encontraba escondida tras un
manto de nubes.
-
¿Te encuentras disponible para una charla con un
viejo amigo? Últimamente has estado extraña, más brillante que de costumbre, me
atrevería decir que te enamoraste de alguien, si es así, ¡vamos! Cuéntame de
quien se trata, no te escondas, parece que hasta tienes vergüenza de mi. Vamos,
habla conmigo, quizás tienes mejores noticias que yo. Las últimas semanas han
sido horribles, mi amada dice que estoy cambiando, que vengo seguido a hablar
contigo, tiene celos de ti, dice que soy otro, ¡hasta me cuesta llevarme con
los niños! Hoy en particular, mientras estábamos comiendo, me miraban con pena,
¡casi hasta con miedo!, y yo, no sé realmente que ocurre, éramos una familia
tan feliz, solo mi corazón sabe cuánto he sufrido… Por favor, sal un rato, te
necesito…
Esperó unos minutos, nada pasó.
-
Bien, me temo que hoy no vendrás. Regresaré a mi
hogar, es tarde, no quiero tener más problemas… ¿Cómo puede tener celos de ti?
Si ella es tan hermosa, la amo tanto. No comprende que solo eres mi amiga, mi
confidente… Bueno, vendré otro día por si te encuentro, adiós.
Cuando se disponía a abandonar el lugar, miró por última
vez el cielo. Algo pasó, las nubes se despejaron y ahí estaba ella, más
brillante que nunca, pero este brillo no era el de siempre, era un brillo
azulado, que aun en la oscuridad de la noche se vislumbraba. Daba una sensación
al verla, una sensación de tristeza, de melancolía. Esa luna de los que
escriben canciones por la pérdida de su ser amado. Mientras admiraba aquel
espectáculo en el firmamento le comenzaron a pesar los ojos, por más que
intentaba mantenerlos abiertos, pues sabía que debía regresar a su hogar, no
podía, era como un conjuro…
Despertó horas más tarde, se aproximaba el amanecer y su amiga no se encontraba ya. Preocupado,
con mucho frio y preguntándose por lo que había pasado se levantó con
dificultad, y emprendió finalmente el curso a su casa. Mientras caminaba
pasaban muchos pensamientos por su cabeza, tantos que no se percató que algo
andaba mal, a lo más un leve dolor en sus pies, una molestia al caminar sobre
las ramas y hojas secas, que nunca antes había sentido. Al aproximarse cada vez más a su destino se
cuestiono por qué de pronto todo se veía tan pequeño, hasta los arboles
parecían más chicos.
Finalmente llego. Se detuvo un momento, algo sentía en su
corazón, un mal presentimiento, fuera del terror que lo agobiaba por lo que le
iba a decir ella, había algo más.
Hasta que cayó en cuenta de su condición, su casa era
demasiado chica para él, intentó entrar pero no lo logro.
-
¡Cariño!! Ven, ayúdame, algo ocurre no puedo
entrar!
Nadie respondió. Repitió su grito y otra vez nada. Pensó
que probablemente se encontraría enojada, así que lo haría esperar.
Se sentó en la puerta y de repente escucho un sonido, por
fin habían percatado su presencia. La vio salir de la madriguera en una actitud
irreconocible, más que una actitud eran sus ojos, no demostraban enojo, era
algo mucho peor, un fulgor desafiante y asesino, como si no lo reconociera.
-
Cariño por favor perdóname, no sé qué pasó. Fui
a pasear como todas las noches y me desmayé y me sigo sintiendo extraño ahora…
¿Por qué me miras así?
Nuevamente ninguna respuesta. Se intentó acercar y paso
algo más raro aun, un gruñido. Realmente algo andaba mal, sabía que había
cometido un error al alejarse por horas, ¿pero era para tanto? Se intento
acercar un poco más, después de todo ese era su hogar también, pero fue el peor
error que pudo cometer: ella se lanzo a su cuello y lo apretó fuerte, más
fuerte de lo normal cuando jugaban o aun cuando discutían.
Cayó al piso, con su cabeza más confundida que nunca y un
dolor insoportable. No sabía qué hacer, tampoco podía articular palabras, lo
único que atinó fue a pensar en dirigirse hacia el lago que se encontraba
cerca, necesitaba agua. Fue infinitamente más fácil imaginárselo que
realizarlo, se tambaleaba mareado afirmándose en los arboles mientras sentía que
algo tibio caía sobre su piel. Cada paso le costaba más que el último.
Cuando llego al lago se acerco a la orilla, casi no le
quedaban fuerzas y veía todo borroso, al parecer había perdido mucha sangre.
Con la poca energía que le quedaba se asomó sobre el agua y vio una imagen
aterrorizante: no era él, era un ser alto, sin pelo en el cuerpo, de piel
rosada y hocico chato. Sus patas delanteras no se encontraban tonificadas por
el uso diario y lo más raro, al final de ellas, tenía cinco alargadas garras, además
noto que un liquido rojo brotaba de debajo de su cabeza.
De la sola impresión, y más mareado que nunca perdió el
equilibrio. Por su cabeza pasaban mil interrogantes, ¿Qué era lo que había
visto? ¿Qué había acontecido en la noche? Su amada, sus niños, su amor, su
bosque. Reunió su último aliento y dio vistazo al cielo. Una lágrima cayó sobre
su rostro, y dijo sonriendo:
-
Eres una tonta, ahora comprendo porque estabas
tan avergonzada…
Amaneció.
Re nacer
Las palabras de inauguración de algo siempre son importantes. Te dejan con la expectativa de como serán las cosas. Esta vez haré algo distinto, (digo esta vez porque esta es una de las tantas veces que he dicho "voy a escribir", solo que ahora es diferente, tengo mis motivos de los que mas tarde hablaré), dejaré que cada entrada, cada texto, cuento, poema, escrito, imágenes, lo que sea que publique hable por si solo de lo que se trata este blog, y mas particularmente de lo que trato yo, de quién soy yo.
Para comenzar los dejaré con un cuento que escribí hace unos días, movida por una idea loca que me asaltó camino a mi hogar, disfruten el viaje.
Bienvenidos
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